Rompiendo los límites de la realidad

surrealista

Partimos de la siguiente hipótesis: la realidad es una construcción informativa que surge de la interacción entre el individuo con su entorno.

Si bien, nuestro razonamiento nos asevera que “la realidad” es solo aquello que observamos y podemos comprobar con nuestros sentidos; en el transcurso del texto analizaremos los elementos involucrados, los cuales, imprimen singularidad a la interpretación de cada individuo, evidenciando una realidad mas allá de lo que podemos percibir.

En general el humano usa un complejo mecanismo llamado sensopercepción que permite la adquisición de todo material del conocimiento procedente desde el mundo exterior. (Betta.1981)

Con dos componentes:

una trama neuronal que permite captar las señales externas y procesar la información

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codificándola en lenguaje.

Una vivencia personal (memoria y aprendizaje) que permite condensar la información, dar una interpretación, lanzar hipótesis de lo que es real y contrastarlo con “el mundo externo”.  Todo lo anterior conlleva, que cada individuo experimente su “realidad” de manera única.

 

Nuestra sensación nace de las posibilidades neurológicas; de manera muy somera, me permito describir el mecanismo de codificación de los estímulos procedente del entorno. Imaginemos que estamos rodeados por una gelatina compuesta de señales tales como:

  • Ondas electromagnéticas
  • Estímulos físicos, químicos y mecánicos,
  • Cambios de temperatura. Entre otros.

Todos ellos captados por nuestro cuerpo, el cual está dotado con receptores sensoriales encargados del siguiente proceso:

  • Leer la información,
  • Convertir la energía del estímulo en una señal nerviosa.
  • Secuencialmente la información viaja hasta confluir en una zona cerebral donde se interpreta y se teje en una suerte de narración.thumbnail_044

Es decir que, la interpretación del humano es codificada semánticamente en una historia, “nuestra historia”.

 

Por tanto, no puede existir “realidad” sino a través de la interacción de cada individuo con lo exterior. Esto nos lleva a plantear que hay tantas realidades como personas en el planeta.

Así pues, es la manera en que conocemos, pero no LA ÙNICA; probablemente, lo que creemos real es más fluido y cambiante de lo que percibimos con nuestra capacidad cognitiva. La información captada es la necesaria para nuestra supervivencia como especie, nos permite comunicarnos y condensar las producciones humanas. Sin embargo, no demarca el límite de lo posible.

“En el mundo occidental considerable parte del esfuerzo humano se encamina a combatir o restringir la posibilidad de peligro que implica todo cambio” (C. G. Jung. 1929)

 

 

Vivimos en cajas de realidades, las cuales están inmersas en otras cajas que dan forma a los mundos posibles. No perdamos de vista, el hecho de que “lo real” es el resultado de una interacción singular, de ninguna manera representa la totalidad de lo posible. No es cuestión de desechar los limites, más bien, percibir los limites como posibilidades de acción y, por consiguiente, perder el miedo al cambio.

Referencias

https://www.eduardpunset.es/wp-content/uploads/2010/05/semanal20100502.pdf

https://www.eduardpunset.es/wp-content/uploads/2008/09/semanal20061231.pdf

alambredeplomo. 2006. Video “la caja” recuperado de https://www.youtube.com/watch?v=1me6SQIYfX8

 

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